Violencia de género

Hoy se celebra el Día Internacional contra la violencia de género.  Parece mentira que en pleno siglo XXI estemos hablando de 42 mujeres muertas, sólo en España, en lo que va de este año 2012. Y eso sin contar las que padecen agresiones, físicas y psicológicas, todos los días.

Algunas se atreven a dar un paso al frente y denunciar su situación, pero muchas siguen callando por miedo y, lo que es peor, por falta de apoyos. El gobierno español con su política de recortes y con sus tasas judiciales se está convirtiendo en cómplice de los maltratadores, al hacer que sea más difícil para las víctimas denunciar.

Pero lo más grave de todo es que seguimos teniendo una carencia importante en la educación de los más pequeños, en enseñarles que hombres y mujeres somos iguales. Y esa labor no sólo es del gobierno de turno, o de las escuelas. Es una labor que debe empezar en las familias, entre los amigos y en la calle.

Por la parte que me toca, seguiré luchando para que llegue el día en que ninguna mujer deba callar y esconder sus golpes, para seguir dando voz a las que, por desgracia, ya no la tienen. Y, en definitiva, por un mundo en que un día como el de hoy, no sea necesario.

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Huelga general el 14N

Hace varias semanas que se anunció formalmente la convocatoria de una huelga general para el día 14 de noviembre. Las razones para salir a la calle y decir “Basta” nos sobran a todos.

Se está tratando de acabar con la sanidad y la educación públicas, con los derechos laborales y con el estado del bienestar (y eso por no entrar en el tema del derecho al aborto) y, pese a todo esto, todavía hay gente que justifica el no hacer huelga.

Las excusas son de lo más variadas:

No me puedo permitir perder un día de trabajo. Por no perder unos cuantos euros están vendiendo su alma a una patronal que sólo se verá satisfecha cuando los derechos de los trabajadores hayan desaparecido por completo. Cuando en vez de trabajadores tengan esclavos sin opinión.

La convocan los sindicatos y paso de ellos. ¿Y quién quieren que la convoque? De todos modos ya han anunciado su adhesión a la huelga diversas asociaciones de autónomos o de jueces, además de otros colectivos.

 No va a servir de nada. Lo único que no sirve de nada es quedarse en casa cruzado de brazos o mirando hacia otro lado. Y mucho menos, quejarse a diario en las redes sociales desde la comodidad de sus casas.

Estamos en un punto crítico, con una tasa de desempleo alarmante y con un empleo cada vez más inestable. Con más familias viviendo bajo el umbral de la pobreza de las que nos gustaría reconocer, con niños que no reciben una comida caliente al día, con bancos de alimentos desbordados de peticiones, …, y todavía ¿siguen pensando que no merece la pena salir a la calle?

Yo sí voy a hacer huelga y sí voy a participar en las manifestaciones. ¿Alguien más se apunta?

XXV Semana Negra

Puntual como cada verano llega la Semana Negra a Gijón. El 6 de julio a primera hora de la mañana la gente comenzaba a llegar al vestíbulo del hotel Husa-Chamartín, unos desde sus habitaciones y otros desde sus respectivas casas, para bajar juntos al andén donde el Tren Negro les esperaba para traerles un año más a la cita lúdico-literaria gijonesa.

En ese momento los ánimos se dividían entre la alegría por los siguientes días de libros, charlas y fiesta, y la rabia e indignación de saber que una amiga y compañera, Sanjuana Martínez, había sido detenida en México de manera ilegal.

Arranca el tren con destino a Asturias. Parece un año más. Se mezclan las conversaciones con los viejos conocidos con los saludos y presentaciones de los que vienen por primera vez. Todo transcurre según lo previsto hasta llegar a la altura de la localidad leonesa de Villablino donde una barricada en la vía hace que el tren se detenga durante largo rato. Este hecho que haría que mucha gente echara chispas y maldijese, se toma con total naturalidad dentro del Tren Negro. Los mineros están en lucha y lo importante es apoyarlos.

Una vez solventado el contratiempo, el Tren Negro sigue su camino hacia Mieres, llegando con una hora de retraso según lo previsto. Allí les esperaban el alcalde de la ciudad y la consejera de cultura del principado, la banda de gaiteros y un nutrido grupo de mineros que reciben a los autores, periodistas y demás viajeros del tren escuchando las notas de “En el pozo Maria Luisa”, canción emblemática para los mineros:

 

Tras un momento como éste, se obsequió a los viajeros con una tradicional espicha y se les despide para que sigan rumbo a Gijón, donde la charanga El Ventolín los recibe con música. De allí a los hoteles, a la recepción en el Ayuntamiento y al recinto para el corte de cinta y la inauguración oficial.

Por delante quedan muchos días de fiesta y libros, de Cultura, así con mayúsculas.

La dignidad de los mineros

En la primavera de 1962 los mineros se levantaron contra un régimen dictatorial para reivindicar sus derechos. La primera “chispa” saltó en el pozo Nicolasa (Mieres), pero pudo haber sido en cualquier otro. Los mineros asturianos dieron el primer paso y les siguieron muchos otros trabajadores a lo largo y ancho de toda España.

Hoy, 50 años después, los mineros vuelven a estar en pie, movilizándose para defender lo que es suyo. Una decisión unilateral y arbitraria de un gobierno prepotente, soberbio e incapaz, que en su afán de recortar cualquier cosa que pueda beneficiar a los trabajadores, ha decidido terminar con las ayudas al carbón de un día para otro y no de manera paulatina como recomendaba la Unión Europea.

Podría parecer paradójico que el mismo Gobierno que baila al son que Europa le impone, se salte a la torera esas recomendaciones, pero en el fondo no lo es. Hay que decidir a quien se da dinero, a veces en cantidades obscenas, y los ganadores siempre son los mismos: bancos, banqueros, empresarios, iglesia. Se recorta en educación, en sanidad, en ayudas a la dependencia, mientras se rescatan bancos y se impide que la Iglesia pague el IBI. ¿Y qué hacemos? Sentarnos en casa y quejarnos en las redes sociales o con los amigos, pero sin hacer mucho ruido, no vaya a ser que nos cansemos.

Me crié en las cuencas mineras. Soy descendiente de mineros y mi infancia también se vio salpicada por las huelgas, por la lucha para defender los derechos, para mi nada de esto es ajeno ni lejano y ver a los mineros hoy en Madrid, plantando cara y dejando muy claro que no se van a dejar pisar me llenó de orgullo, me confirmó que mi gente sigue teniendo la dignidad que falta a la mayoría, que se quejan desde sus vidas pequeñoburguesas. Pero los mineros no, si hay que plantar cara, se planta. No importan las consecuencias. Hace 50 años muchos acabaron en la cárcel pero eso no les frenó, igual que hoy no les frenaron las pelotas de goma de los antidisturbios.