Ocaso

Dice la RAE, en su primera acepción, que el ocaso es la “puesta del sol, o de otro astro, al trasponer el horizonte”. Un momento que, si hay suerte y el tiempo lo permite, nos sorprenderá por su llamativo colorido y nos hará desear que ese momento se prolongue para siempre, que no termine.

Todo lo contrario que ocurre con la otra definición que nos dan los académicos, cuando nos dicen que ocaso también es “decadencia, declinación, acabamiento”. En ese caso, deseamos que el final llegue pronto, que la agonía no dure demasiado.

Los humanos somos capaces de lidiar con los problemas, con la tristeza, con la fealdad, con la decadencia que nos rodea. Aprendemos desde pequeños a avanzar pese a lo negativo.

Sin embargo, no siempre nos paramos a reflexionar, a pensar antes de seguir avanzando. Por esa razón, cuando tenemos la fortuna de estar en el lugar y momento correctos, lo mejor que podemos hacer es sentarnos a contemplar la belleza que la naturaleza nos regala. Y aprovechar esos momentos de calma para reflexionar sobre qué queremos y cómo queremos conseguirlo.

Si lo hiciéramos, tal vez, y sólo tal vez, el mundo sería un lugar mejor.


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