Bocas

Había muchas bocas, todas abiertas y con mucho que decir, pero de ellas no salía ningún sonido. Era como si alguien las cerrase desde dentro, con una mano invisible pero eficaz.

¿Qué tenían que decir aquellas bocas? ¿Por qué era tan importante que lo callaran?

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Propósito de año nuevo

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Ya se terminaron las fiestas, desaparecieron los adornos navideños y todo el mundo se plantea ir al gimnasio, dejar de fumar o cualquier de esas cosas que cada año todos nos proponemos en enero y que olvidamos, con suerte, en febrero.

Yo este año sólo tengo un propósito para el año nuevo: ser feliz. Al menos, todo lo feliz que la vida me permita. Por ello he decidido eliminar de mi vida todo aquello que me perturba y a todos aquellos que no me aportan nada y sólo me molestan. Voy a eliminar de mi vida a todas esas personas que juran no soportar las mentiras pero jamás dicen la verdad, a la gente hipócrita, egoista y mezquina.

Me voy a quedar con los amigos de verdad, los que demostraron que lo eran cuando les necesité, los que, sin importar distancias, están ahí. Si eres una de estas personas, seguiremos en contacto, como siempre.

Y este propósito no lo olvidaré en febrero, ni en marzo, ni nunca. La vida es demasiado breve y no hay excusa para permitir que nos la fastidien.

Noche de Reyes

Cae la noche sobre la ciudad y empiezan a aflorar los nervios, la ansiedad y la emoción. Es la noche de Reyes, una noche mágica independientemente de la edad que uno tenga. Mañana  será el día de abrir los regalos, de sorprenderse con ese regalo inesperado, de fingir que nos encanta ese regalo que nos horroriza.

Esta noche nos transporta a la más tierna infancia y nos vuelve un poco niños a todos. Ojalá pudiéramos mantener este espíritu el resto del año, pero a partir del día 7 volveremos a la dura realidad de las crisis, el paro, la indignación, ect. Pero eso será a partir del día 7. Esta noche, permitámonos soñar y ser felices.

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Nocturno con barcos

Siento pasar los barcos por dentro
de la noche. Vienen de un transitorio
distrito del invierno y van a otra interina
estación de argonautas,
                         esas rutas
quiméricas que rondan
los fascinantes puertos de la imaginación.
 
Invisibles a veces, surcan
las cóncavas comarcas de la niebla,
pertenecen a un mundo despoblado,
a alguna procelosa tradición
de vidrieras marchitas, se parecen
a la emoción que queda detrás de algunos sueños.
 
Llega hasta aquí el empuje
respiratorio de las máquinas, el empellón
del agua en las amuras,
                        y a veces
una sirena desenrosca
la disonante cinta de su melancolía
por los opacos círculos del aire.
 
La cifra de esos barcos es la mía.
Con ellos cada noche se va también mi alma.
 
(Caballero Bonald)
 

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Máscaras

A lo largo de nuestra vida nos ponemos distintas máscaras. La que mostramos a los nuestros, la que mostramos en el trabajo, la que mostramos a los amigos, la que mostramos a los conocidos… Luego está la cara real que se esconde tras esas máscaras, la cara que sólo conocemos nosotros.

Ponerse máscaras no es malo, es como ponerse diferente ropa según la ocasión. Lo importante es que esas máscaras sean lo bastante translúcidas como para dejar ver la cara que está debajo. Lo malo son las máscaras opacas, las que ocultan la verdad.

Las personas que no tienen nada que ocultar sólo usan máscaras transparentes. El resto no me interesan.

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El camino a seguir

Tomar decisiones es parte de nuestra vida. Desde niños las tomamos aunque no siempre seamos conscientes de ello. El sabor del helado, la ropa que nos ponemos o el libro que vamos a leer los decidimos muchas veces sin ni siquiera pararnos a pensar y sin ser conscientes de que somos capaces de tomar decisiones.

El problema surge cuando esas decisiones implican cambios drásticos o nuevos comienzos. En ese momento sentimos todo el peso de dejar atrás etapas. Nos asusta equivocarnos, nos asusta lo desconocido.

Pero para poder continuar viviendo hay que tomar decisiones. La vida nos ofrece muchos caminos y decidir cuál seguir es siempre una aventura. A veces termina bien, otras no tanto, pero de todas podemos sacar una experiencia que nos ayude a tomar la siguiente decisión. El siguiente paso en el camino que debemos seguir.

El otoño

Llega el otoño y con él las aceras llenas de hojas caídas. Los días se hacen muy cortos y la noche llega a hacernos compañía demasiado pronto. Los colores y la luz cambian y convierten lo que nos rodea en un mundo diferente, aunque sea el mismo.

Todo es diferente, incluso nosotros mismos, por más que nos empeñemos en seguir siendo los de ayer, aunque ayer ya no volverá jamás.

 

Testigos silenciosos

Están en todos los parques y en todas las plazas. La mayor parte del tiempo nadie repara en ellas, pero allí están. Son fieles testigos de amores y desamores, de penas y alegrías, de secretos inconfesables. Son testigos de historias que jamás desvelarán a nadie. Los encierran dentro de sus duros cuerpos y los atesoran para siempre.

Ni siquiera los pájaros que son los únicos que se fijan en ellas son capaces de arrancarles lo que saben. Es suyo. Es su forma de tener una vida, aunque no sea propia.

Avanzar

No importa lo duro que sea el camino. No importa lo que haya que dejar atrás. Lo importante es seguir avanzando, mirar hacia el futuro sin volver la mirada a lo que ya no volverá a ser.

Ahí delante hay un mundo por descubrir que, muchas veces será hostil, seguro, pero muchas otras será maravilloso y habrá valido la pena.

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Ruinas

Los edificios en ruinas tienen un encanto especial. Podría pasarme horas dentro (de hecho lo hago), buscando rincones y detalles para fotografiar. De hecho, mirarlos a través del visor me enseñó a disfrutarlos, a ver en ellos la misma belleza que en una flor o una puesta de sol.

Me encanta pensar en cuántas historias encierran, cuántos sueños, cuántas ilusiones, cuántas decepciones… cuánta vida, en general.